viernes, 29 de enero de 2010

según Rafa Pons...

voy persiguiendo a la luna me cago en tu padre no tengo ninguna razón para odiarte pero simplemente me acuerdo de ti


todo junto y sin comas.

martes, 26 de enero de 2010

un abrazo

hay un abrazo completo, uno que contiene verdad, uno que ha viajado mucho, que oscila entre lo real sucedido y lo real nunca pasado, un abrazo que lee libros y da caricias, un abrazo que besa rodillas, un abrazo que yo amo, que es mío y se me va volando, un abrazo que hace guiñadas y requiere de calma, un abrazo al que no se le puede atrapar.

lunes, 11 de enero de 2010

nado en lo blanco

Nado en lo blanco de mi ventana blanca que se deshace fría.
Nado en invierno que debería ser otro cuando le erré a la coordenada.
Nado en los niños que no tienen clase porque nadan blancos.
Te nado en el desnudo que deja mi ciudad como intacta nada blanca.
Que no se asuste la nada cuando me vea nadar insolente de nadas.
No nado en la nada porque de nada sirve verlo todo y querer nadar en nada.

martes, 5 de enero de 2010

Queridos Reyes Magos...

este año creo haberme portado bien. Es cierto que algunas cagadas me mandé. Creo que después supe pedir perdón, aunque bien sé que eso no es suficiente. En cualquier caso, yo hago mi lista, y ya luego ustedes ven qué me merezco.
Para empezar quiero pedir la osadía, el descaro y la ingenuidad que se necesitan para pedir en esta carta paz mundial y niños sin hambre que no hagan más que jugar, como hacía cuando era más niña de lo que soy ahora, cuando no sabía lo que significaba demagogia.
Me gustaría pedir más cabeza, una más grande donde quepan todas las ideas y que esté amueblada con lo que hace falta para poder entenderlo todo, hasta lo que no se entiende. Quizá así...
Quiero un teletransportador. Y esto no es un capricho, es una necesidad Señores Reyes Magos.
Quiero una primavera en el invierno.
Quiero que nunca más se me caiga la yerba fuera del cubo de la basura. Por cierto, quiero un paquete de 1 kg de Yerba Madre (está a punto de terminarse).
Quiero sonrisas en todas las paredes, sobre todo en la de mis vecinos que tanto gritan.
Quiero unas orejeras celestes para mi amiga Ana.
Quiero un aprobado general en ese examen que se come el entusiasmo de mis amigas.
Quiero 5 centímetros más de altura y 5 minutos para desenfadarme de cualquier enfado.

Quizá me esté pasando y esto sea mucho pedir...
En fin Reyes Magos, me voy a tomar un chocolate y un roscón en su honor, porque aún siguen ustedes juntando a veintisieteañeros espectantes, aunque todos sepan que esto no es más que un sucio invento del capital.

lunes, 4 de enero de 2010

mi abuela

Todos contenemos la respiración y la lágrima. Nos sabemos inmersos en instantes llenos de emoción que ninguno de nosotros reconoce. Todos vemos la muerte de los vivos. Todos sabemos que ese lugar no es donde nos gustaría terminar. Sentimos la infinita ternura por alguien que no es seguro que la merezca, aunque llegados a una edad merecer es un verbo confuso. Todos tratamos de gestionar el torbellino a nuestra manera.
Mi abuela tiene 87 años, hace tiempo que dejó de vivir, porque vivir debe ser tener conciencia de hacerlo, por mínima que ésta sea. Inventa historias en su cabeza. Lo malo es que ninguna habla de mundos mágicos o cosas graciosas. Todas son perturbadoras, oscuras. El otro día fuímos todos, mis padres, mi hermano y yo a estar con ella. Durante la tarde presencié escenas a las que catalogaría como espejos. Mi padre, su infinita humanidad, su necesidad de creer que allá está bien. Mi madre, su dolor de hija, sus ojos tristes porque ve cotidianamente caer la que fue torre inquebrantable. Mi hermano, el hombre más tierno del mundo, besando y acariciándola como quien tocara torpemente un violín. De mí, mejor que hablen otros.

Escena

Abuela - Y Juan Antonio ¿dónde está, cuándo viene?
[Juan Antonio era mi abuelo. Murió hace diez años]
Todos nos miramos, una sonrisa nerviosa se nos escapa, contrasta con nuestros ojos tristes, tratamos de encontrar una respuesta.
Mi hermano - Yaya, está en el cielo.
Mi abuela nos mira incrédula, asustada, como si tratara de entender y no lo lograra. La veo al borde del abismo. Necesito salvarla.
Yo - Pero Yaya, tú no te preocupes, porque él allí está muy bien. Se ha juntado con gente del pueblo, y con su hermano y sus padres y está de lo más bien.
Abuela - ¿Sí?
Mi hermano - Sí Yaya, tú no te preocupes.
Abuela - Claro, en el cielo. Es así la vida. Pero está bien.

Mi madre, de nuevo a punto de caer agotada, de impotencia, de tristeza, de desazón. Mi padre ayudando a que todo se sostenga. Mi hermano y yo queriendo dar un soplo de vida entre tanta muerte, sin creer en cielos pero llamándolos por una buena causa.

domingo, 3 de enero de 2010

página 145

DÓNDE

Dónde el sueño cumplido
y dónde el loco amor
que todos
o que algunos
siempre
tras la serena máscara
pedimos de rodillas

Idea Vilariño


El mensaje secreto que una amiga me deja en mi casa junto con unos cuantos miles de sonrisas pegadas en las paredes.
Yo también Amiga.